Frente al precipicio.
Doy un paso, me acerco,
no temo caerme.
Me asomo y te veo,
cerca, pero no a mi alcance.
Mi impulso es de sacarte,
ayudarte, pienso.
Pero te tiendo mi mano
y tu pareces no verla.
Te grito, no me oyes.
Te veo y me ves.
Desesperada pienso en saltar,
pero, de hacerlo,
no sabría cómo volver.
De pronto te sueltas,
yo, te veo caer.
No puedo hacer nada,
sólo tu puedes volver.
Y aunque la angustia me hiela,
y remuerde mi conciencia,
supongo que era necesario
y me doy la vuelta.
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