El dominante propone –impone- sistemas y formas de organización, a las que los dominados accedemos por simple “confianza” en que saben lo que hacen. Como si nosotros, los tercermundistas, fuéramos también ciudadanos de tercera clase, con cerebros y corazones de tercera, porque no alcanzó el presupuesto de la creación para darnos de la misma calidad a todos. Pero, tú tranquilo, si te tocaron partes no tan buenas a la hora de la repartición, Dios mandó a los del “Primer” mundo la misión de enseñarte el camino, de guiar tu transformación para convertirte en ciudadano de primera, aunque sea pirata.
Con la publicidad purifican su sistema en el que, hay que decirlo, estamos metidos hasta el cuello, y de allá no sale nada que no sea bello y lindo. Nosotros, que durante años hemos estado tragándonos su cuento, vemos aquello como el paraíso, la “tierra prometida”, el American dream. ¿Quién no querría vivir así, sin preocupaciones, sin necesidades, siempre con una sonrisa en el rostro? ¿Quién no querría ser como ellos?
En el mercado del apendejamiento, perdón, entretenimiento, nos venden ideas que consumimos sin mayor resistencia. Ideas del amor, de Dios, de lo bueno y malo, de la forma de vivir la vida, de la felicidad, que nos enseñan a no construir nada, a esperar a que la suerte nos traiga esa vida, o, por qué no, a trabajar como desorbitados para conseguir dinero, diNeRO, DINERO. Y es lo único que nos acerca a conseguir todo lo que deseamos en la vida, como si la felicidad estuviera escondida en uno de esos helados de 85 pesos -cual cajita feliz de Mc Donanld’s- esperando a ver quién es, de todos los idiotas que lo consumen, el suertudo que se la lleva.
¿Hay algo peor que eso? Sí, ahora la verdad parece no estar en el otro, en el semejante, sino en la televisión, en la ciencia, en lo que nos separa unos de otros ya sea por estudio o por desconexión. Puede haber alguien muriendo de hambre a menos de una hora de camino desde nuestra “zona de confort”, pero se encuentra a años luz de distancia comparado con las grandes cosmopolitas, que a pesar de estar lejos geográficamente hablando, están a la vuelta de nuestro pensamiento, siempre presentes, como soles que iluminan nuestro camino hacia el “lado correcto”.
Tenemos gobiernos que nos aplastan, nos saquean, nos humillan, y creen que con propaganda bonita pueden tapar todo lo que hacen. A ellos, los dominantes les han vendido la idea de que no nos damos cuenta, de que somos tontos, y quieren seguirnos haciendo tontos. En México hay verdades duraderas -como las llama Chomsky- similares a las de Estados Unidos, que son actualmente “universales”, y existen otras propias de nuestra nación, mecanismos de dominación inspirados en el de fuera pero aterrizados a nuestra cultura.
México no es una república, porque no tiene nada de público. Todo es “información clasificada”, y la ley no sólo es obsoleta, sino que ni siquiera rige al país. Nosotros vivimos en una sociedad gobernada por los intereses monetarios (utilizando un eufemismo para no decirnos, directamente, ciudadanos prostitutos, por vendernos por dinero). Aquí, no existe educación, justicia ni democracia, existen sin embargo el adoctrinamiento e inyección de la apatía en los ciudadanos; el sacrificio de la justicia por la seguridad, haciendo que el “poder” nos salve de quienes “atentan contra nuestra vida”. Aunque tengamos que sacrificar otras vidas por estar cazando, supuestamente, a enemigos de la Nación.
Según el artículo 2° de nuestra Constitución –que aunque no es tan famoso, sí existe- nuestra nación se sustenta en sus pueblos originarios, en los pueblos descendientes de los habitantes prehispánicos. Ellos, teóricamente, son libres y tienen derecho a la autonomía. Pero esto no libra al Estado de la obligación de garantizar el cumplimiento de sus derechos humanos y ciudadanos, no los hace invisibles sino supuestamente más visibles. De ser así ¿por qué les es necesario cubrirse el rostro a los zapatistas para ser escuchados? ¿Por qué les fue necesario levantarse en armas en 1994? Ellos dicen que eran, y siguen siendo violentados por el ejército, los policías y por paramilitares, ¿no que su seguridad la garantizaba el Estado?
Existe también, en lugar de democracia, el ejercicio del voto como un ejemplo de que, lo único para lo que te necesitan los de arriba es para, una vez al año, marcar un papel con una equis eligiendo, según parece, la “menos peor” de tus opciones, dándole así el derecho de mandar sobre tu vida y la de los de tu alrededor. Eso es todo, tu ejercicio de la ciudadanía se limita a eso y de ahí en fuera no tienes que preocuparte, ellos se encargarán de gobernarte.
¿México es un país libre?, al menos eso es lo que nos dicen. Sabemos que desde la firma del TLC somos libres de comerciar lo que queramos y como queramos con nuestros vecinos del norte. Claro, nosotros estamos ávidos de importar todo lo que viene de allá –no importa si es pura basura-, pero no hemos entendido que ellos no quieren lo mismo. No importa cuán regulada sea nuestra producción, no importa cuán “libre” de comerciar sea nuestra frontera, ellos siempre van a encontrar una manera de negar lo que, previamente, convinieron en los acuerdos. ¿Y nosotros, los mexicanos, somos libres? Bueno, no todos, dicen, hay unos que no pueden decidir sobre su futuro. Pero así es esto, este es el sistema que nos tocó vivir, por obra y gracia de la tan mentada “libertad”.
Y por si fuera poco, formamos parte del inmenso reality show que organizan Televisa y Tv Azteca año con año, en el que prueban nuestra capacidad de consumo, la capacidad de nuestro cerebro de soportar ver, oír y tragar todo lo que nos escupen día con día a través de su programación basura.
Programas como Teletón, o Iniciativa México –versión uno y dos-, donde explotan nuestra capacidad de soltar billete cuando nos tocan el corazón. Para eso es para lo único que les sirve nuestra humanidad, para hacer “donativos”. Y todavía hay quien dice –“Por lo menos están haciendo algo bueno con sus millones”- ¿Sus millones? Serán los nuestros, porque a demás del hecho de que somos nosotros y nuestros impuestos los que los han hecho multimillonarios, específicamente los premios y “ayudas” de este tipo de programas, salen directamente de los bolsillos de los “donadores”, que sirven no sólo para pagar lo prometido, sino también los impuestos, multas y niveles de vida de los mega ratas que nos manejan.
En el discurso que Felipe Calderón -presidente del empleo- dio para la clausura del proyecto de Iniciativa México en su primera edición, nos invita, e invita a los proyectos que quedaron seleccionados, a COMPETIR para ver quién es el que sirve más y mejor a México, quien es el que hace más por los mexicanos. –Disculpe, Señor Presidente, ¿no debería usted alentarnos a la unión en lugar de a la separación?-, ahora resulta que hasta el servicio, el dar a los demás, debe de hacerme mejor que esos mismos a los que les estoy dando, por los que estoy trabajando. En lugar de alentar a los proyectos a unir esfuerzos en la “construcción de un nuevo México”, debemos entender que la carrera es por quién es el mejor servidor, no por ver que más lleguen a estar cada vez mejor. ¡Señor, ayúdanos, cuánto individualismo hay en este mundo!
Hoy me levanté con el pie izquierdo, y creo que un mundo así no tiene remedio. Hoy urge alguien que me haga cambiar de opinión, que me ayude a recuperar la fe. Necesito creer en algo posible, sin eso la lucha no tendría sentido.
REFERENCIAS
Chomsky, Noam. Lo que realmente quiere el tío Sam. Editorial siglo XXI. México, 1994.
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. México, 1917.
Monedero, Juan Carlos. Disfraces del Leviatán. Universidad Iberoamericana. México, 2007.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario