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agosto 22, 2012

Sobre el sonido


Dicen que el hombre es una maquina perfecta. En realidad, eso es toda la naturaleza, de la que venimos y a la que regresaremos sin importar nuestras creencias. Pero si nos centramos en nosotros, en como fuimos creados, uno de los aspectos mas fascinantes resultan los sentidos. El ser humano es social y para esto necesita de la comunicación, de conectarse con su entorno y sus semejantes. Esta conexión es lo que llamamos lenguaje, el filtro que nos permite nombrar al mundo y apropiarnos del de manera cultural. Pero, ¿cómo nombrar algo que te es ajeno? La clave está, por supuesto, en que es a través de nuestros sentidos que lo externo deja de ser ajeno, son los sentidos los que nos permiten conectarnos con todo lo que nos rodea. Percibimos, pensamos, y luego de nombrar esa sensación le adjudicamos una emoción, memoria y utilidad. Todo esto cada vez que nuestra piel percibe algo desconocido. 

En la actualidad, se dice que vivimos en la era de la imagen, que nuestros ojos están al mando de los demás sentidos. Es cierto que muchas veces, una imagen vale más que mil palabras, pero también es cierto que, en ocasiones, una palabra –aun un silencio- dice más que lo que vemos, ¿acaso es igual ver a un pájaro que escucharlo cantar? ¿Qué sería de nuestra vida si solo pudiéramos ver, sentiríamos igual? ¿Quién podría imaginar lo insípido que puede ser el gusto sin el olfato? Nosotros, tan acostumbrados a hablar cuando queremos ser consolados, ¿qué haríamos si no sintiéramos un abrazo? Todo es parte del todo, y es por eso que somos seres perfectos de naturaleza. Aun quienes tienen distintas capacidades, quienes pierden alguno de sus sentidos o nunca lo tuvieron nos demuestran esto, pues el cuerpo es tan perfecto que suple lo que le hace falta y multiplica sus otras capacidades.

Según la Programacion Neurolinguistica, las personas tienden a agudizar más uno de sus canales cognitivos, es decir, que a través de ese canal perciben y, por ende, sienten más que por los otros. Algunos son personas visuales, que necesitan armonía en lo que ven para sentirse tranquilos, y que se irritan fácilmente cuando algo no esta –visualmente- como les gusta. Otros son kinestésicos, y se sienten más atraídos a por todo lo que puedan palpar, oler y probar. Los terceros son los auditivos, aquellos cuyas emociones requieren de mucho sonido, que les gusta escuchar –o escucharse-, y es fácil que se sientan aturdidos cuando no existe una armonía sonora en su entorno. Según esta teoría, nos podemos dar cuenta de que son la vista, en efecto, culturalmente hablando, se les atribuye mucha importancia a los estímulos visuales y auditivos. La razón es posiblemente que hemos creado una serie de idiomas, repletos de símbolos visuales y auditivos, para comunicar el sentido de las cosas, el porqué y lo que cada uno opina de ellas. Todo esto para generar un orden, para evitar las confusiones a la hora de ponernos de acuerdo. ¿No será que el orden ya estaba ahí? ¿Tal vez sigue ahí, pero no lo vemos porque estamos muy ocupados buscando nuestro propio orden?

También se dice que vivimos la era de la comunicación, pero cada vez hay mas tristeza, soledad y sufrimiento, ¿será que deberíamos preguntarnos cuándo dejamos de escuchar, de poner atención? Si me preguntan que creo que es el Sonido, yo diría que “Sonido es oportunidad”, ¿por qué o de qué? De mirar al otro, a lo otro. Cuando percibes un sonido, el que sea, incluso cuando creas tu atmosfera de sonido, es una oportunidad de conectarte con el mundo, con tu mundo, contigo. 

El mundo suena para que lo escuches, igual que tu cuando necesitas apoyo. Así como todos se mueve, se transforma, así también todos suena. Todo es una llamada de atención, y es evidente que no todo tiene la misma importancia, pero sería interesante pensar en qué es lo oportuno, qué es pertinente escuchar. Hay veces que todos necesitamos extraernos del mundo, y esta bien, porque así escuchamos lo que nos tenemos que decir a nosotros mismos, otras veces oímos lo que otros nos tienen que decir, lo que ellos creen que es importante, pero ¿qué pasaría si un día decidimos abrir la ventana del carro y apagar la radio? Tal vez no nos enteraríamos de las noticias ese día, quizá nos perderíamos la canción que nos gusta escuchar. O tal vez descubriríamos que eso no era tan importante, que ese día, el mundo tenía algo mejor para nuestros oídos.

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