El solo hecho de escuchar el nombre de Leonardo D'Vinci nos remite a una serie de genialidades, pero es verdaderamente impactante conocer todo lo que su genio significó para una época ya de si conocida como brillante. Por supuesto, en el ámbito artístico fue un magnifico ejemplar, sus oleos no tienen igual, su técnica es prácticamente perfecta. A pesar del gran poder que poseía la Iglesia durante el renacimiento, sus estudios sobre el cuerpo humano, su sed de conocimiento fue tal que, de no ser por los años que se atuvieron en secreto sus apuntes, podría ser considerado el padre de la anatomía. Sus inventos, artefactos magníficos y totalmente visionarios, han sido hasta hoy tomados como ejemplo para hacer avances tecnológicos en diversos campos, incluso muchos de ellos los seguimos usando a la fecha. Desde la servilleta hasta los submarinos, pasando por elevadores cuchillos y tapabocas, Leonardo influencia nuestra vida diaria haciéndonos el día a día más sencillo y bello.
Y ¿que fue lo que hizo para ser tan genial? Sin duda tenía un don, el era ya de sí extraordinario. Bueno, la verdad es que eso no lo podemos saber, pero lo que si podemos saber es que siempre fue una persona muy observadora, que gustaba de la naturaleza y que siempre tuvo una conexión especial con su entorno. ¿Qué sería de nosotros si, como él, nos diéramos la oportunidad de compartir un ratito con nosotros mismos y estar atentos?
Es común escuchar que nada ni nadie podrá nunca superar a los antiguos, a los clásicos, de hecho el arte moderno se trata un poco de eso, de ser diferente, de hacer algo que no pueda ser comparable, porque ¿quién podría aspirar a hacer bocetos siquiera cercanos a los que hacían Da’Vinci y los de su tiempo? Este tipo de ideas nos hacen pensar en nuestros antepasados como dioses, como seres perfectos sin errores, se nos olvida que ellos también fueron como nosotros, también tuvieron sueños y habilidades que no eran suficientemente buenas, también admiraron a sus antepasados y pensaron que nunca serian tan grandes como ellos.
Conocer la vida de Leonardo nos abre este panorama, el saber de su poca habilidad a la hora de hacer frescos y de los numerosos y divertidos errores que cometió en la cocina. Sin embargo, todos estos “defectos”, todos sus rasgos de humanidad, no hacen mas que convertir su imagen en una mucho mas cercana, mas alcanzable. Hacen pensar en su genio como un amigo, un astuto y amigable personaje de la vida cotidiana, con el cual hubiera sido muy grato convivir, y del cual seguramente habría mucho mas que aprender que únicamente técnica. Sin duda, un maestro en toda la extensión de la palabra.
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