El siglo XVIII es considerado el gran siglo de la historia por su enorme revolución filosófica que es, hasta ahora, base de la cultura occidental y de gran parte de las ideologías que se profesan universales con respecto a la humanidad. Todas estas ideas fueron producto de las obras de grandes pensadores europeos de la llamada Ilustración que fueron capaces de percibir las grandes injusticias que las monarquías absolutistas y el clero cometían contra su pueblo a través del discurso religioso de ser los elegidos por “la voluntad de Dios”. Pero evidentemente no fue un proceso sencillo y el hecho de que ahora nosotros percibamos muchas de las ideas que nacieron en esta época como “naturales” en nuestra vida no borra el sangriento pasado que tuvieron que enfrentar para poder tomar la posición que ahora poseen de ser “la verdad” de la cultura occidental.
Así pues, parte de este pasado corresponde a la Revolución Francesa de 1789, en la cual las injusticias antes mencionadas sumadas con la pésima administración de los recursos económicos de la nación y el abuso de estos mismo por parte de los monarcas al estar acostumbrados a vidas llenas de lujo, llevó al pueblo –y digo al pueblo por que fueron los que realmente lo percibieron tanto a nivel de sufrimiento como de búsqueda de soluciones- y, por ende, al sistema en sí a una crisis brutal que era palpable en el hambre y la pobreza de los ciudadanos, en el crecimiento poblacional y más aún en la falta de una autoridad capaz de controlar la situación, esto por la total renuencia que presentaba Luis XVI a ejercer su reinado activamente y por lo tanto a su obvia ineptitud para tomar decisiones de suma relevancia para el país. Poco a poco este hambre y desesperación se tornaron en una inmensa rabia y el sector de la sociedad que tenía acceso a los conocimientos de las nuevas ideas Ilustradas pero que sin embargo sufría también la impotencia de no poder hacer nada para liberar a su gente del yugo monárquico por el casi nulo poder que significaban frente a los otros dos grandes poderes –Iglesia y Monarcas- comenzó a enardecer al pueblo con estas ideas que significaron una esperanza y los llevaron a comenzar el movimiento revolucionario.
Pero ¿Cuáles son las ideas que llevaron a este pueblo a luchar con tanto fervor contra algo que creían era “obra de Dios” siendo que no había nada mejor para dominar a un pueblo que el temor al castigo divino? No hay mas que echar un vistazo a los ideales que, en la actualidad, seguimos utilizando como bandera los que queremos ser escuchados, pues a pesar de ser bastante antiguos, todos estos ideales no pierden vigencia, no solo por su carácter tan humano y verdadero sino por el simple pero lamentable hecho de que aún siglos después las injusticias y abusos siguen siendo cometidos por una Monarquía disfrazada primero de liberal y luego de democrática en la que el discurso no es “Porque Dios así lo quiso y no puedes hacer nada en su contra.” pero es similar, solamente que la actual divinidad que gobierna el destino del mundo es un ente llamado Dinero –así, como Dios, con mayúscula-. Esta triste realidad me remite a una frase de Voltaire que leí recientemente que dice así “La superstición es a la religión lo que la astrología es a la astronomía, la hija loca de una madre cuerda.” y me recuerda el porqué la decadencia del poder de la religión, que se convirtió mas que en una forma de alimentar al espíritu para poder luchar frente a la cruda realidad que se presentaba de ves en cuando, en una herramienta de poder a través de la cual unos cuantos manipulaban al resto para beneficiar su economía y me hace pensar que lo que estos cuantos utilizaban no era la religión en si misma sino la “hija loca” a la que hace referencia Voltaire que si bien nace de ella no es más que una total distorsión de la misma y se vale de la ignorancia colectiva para manipular y subyugar los ánimos de justicia. De una total obscuridad del espíritu que entendía a un ser divino con temor pasamos a una búsqueda de la razón partiendo de la separación del concepto divino y el terrenal, pero el radicalismo nos llevo directamente a un escepticismo que derivó en una total desaprobación de lo religioso y con esto a un dudar también de las normas de ética fundamental que esta defendía, este caos hace que se busque una “fuerza superior” cómo responsable para explicar todo aquello en la vida que se sale de nuestras manos, y así aparece la conveniente explicación del “Capital” que se convierte en lo que es ahora: motor de la sociedad y objetivo de todo esfuerzo de progreso, para hacer una analogía con la filosofía jesuita de la que creo mucho podemos aprender y aunque suene irónico para quienes conocen la magnitud de este concepto, se podría decir que el capital es el Principio y Fundamento de la sociedad actual. Es por esto que la ideología ilustrada busca eliminar la superstición, la falta de libertad y el mantenimiento de privilegios por parte de los estamentos y en nuestra actualidad por parte de la clase alta y los gobernantes.
Por supuesto, la herencia que nos dejan los ilustrados es maravillosa e invaluable, los conceptos y teorías que escriben serían grandiosos si no solamente se estudiaran y se llevaran a la practica buscando el bien común de la humanidad, entendiendo que, como el mismo Voltaire agrega en su obra Ensayos sobre las costumbres, la humanidad se refiere no sólo a Europa o, en el caso de la actualidad, a las potencias mundiales –tanto económicas como ideológicas- agregando EU y Canadá, sino a todos los seres humanos que habitan en el planeta sin importar su raza, nacionalidad, idioma o cultura, pues los tres principales ideales de la Revolución Francesa –Libertad, Igualdad y Fraternidad- y, en parte, por los que se presume de esta ser la fundadora de la modernidad, no deben ser solamente aplicados a los de pensamiento occidental sino a toda la humanidad ya que quien se precia de defender veramente un ideal deberá defenderlo incluso en contra de su propio beneficio (ya sea económico, político o social) como afirmo a continuación parafraseando a Voltaire “no me gusta lo que dices pero mataría por que pudieras decirlo.” , entonces si hablamos de la libertad de prensa como un derecho fundamental del hombre, por su carácter de libre, si lo es en realidad y así lo creo yo, debería defender este derecho aún cuando no todo lo que sea publicado me agrade o beneficie, incluso aunque me perjudique, por simple ética y coherencia de lo que predico y lo que realmente valoro. No así con lo referente a la forma de pensar, la cual debe ser objeto de intercambio y no de imposición, y a mi parecer esto es algo que se ha confundido un poco ya que pareciera que lo que lo que debe ser universal es la forma de pensar y las diferencias pueden son validas solo cuando se trata –valga la redundancia- del trato que se le da a tal o cual persona.
En conclusión, aun nos falta mucho camino para llegar a conseguir los ideales de la ilustración y no es un camino fácil pues ahora hay que luchar no sólo contra una nobleza aplastante sino contra un enredado sistema económico que nos encierra en el ciclo del consumo y muchas veces nos impide pensar mas allá, contra el aletargo de la gente harta de ser explotada con la promesa de una meta inalcanzable que parece estar cada vez mas lejos de sus manos, contra la creencia de que el poder supremo está en el dinero y, peor aún, contra la aterradora posibilidad de que esto sea verdad. Pelear por leyes, gobierno y verdadera democracia que a través del trabajo “del pueblo y para el pueblo”, como dijera Rousseau, nos lleve a un concepto de modernidad distinta, pensada no con una visión eurocentrista anulando la posibilidad de avance de esta en todo aquel lugar donde no se piense igual y estancándonos en ella como si no hubiera un pensamiento más allá, sino tomando como ejemplo el planteamiento de Enrique Dussel en su artículo Europa, Modernidad y Eurocentrismo, “Si se entiende que la “modernidad” de Europa será el despliegue de las posibilidades que se abren desde su “centralidad” en la Historia Mundial…”(8), como un proceso de la historia que nace en Europa y se propaga por el resto del mundo como semilla del desarrollo humano ideológico que busca derivar en un desarrollo de la humanidad como sociedad en lo tangible, que nos lleve a ser cada ves más humanos en el amplio sentido de la palabra.
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