-(FOTO POR TOMAR) Dedicado a Tanya, que con su gran carisma y su irónica forma de hacernos sentir ignorantes sin quitarnos la esperanza del "poder ser", dejó en mí una profunda huella y un sin fin de preguntas por responder.-
¿Qué es el hombre? Esta pregunta es la base de la antropología, pero, la antropología filosófica, en especial, se encarga de buscarle una respuesta desde el punto de vista filosófico, es decir, desde la razón, lo que nos puede hacer pensar que la respuesta es el ¿qué? del hombre desde él mismo y desde los otros.
“El hombre no puede encontrarse a sí mismo sino a través de la vida social” Es por esto que se dice que el nombre se construye con base en la intersubjetividad, es decir, la relación que establece con el otro ya que gracias a que hay “otro” que es similar pero diferente a mi puedo saber qué y quién soy.
El estudio antropológico del ser desde un enfoque filosófico explica al hombre desde su todo “Para entender al hombre hay que estudiarlo desde su totalidad y aun así no es certero llegar a entenderlo” Esto implica su relación con los otros, su cultura y medio ambiente ya que, si bien no completamente, si en gran parte, la persona está influenciada por su sociedad. Es decir, si nuestro entorno fuera distinto, probablemente nosotros así lo seríamos. Cómo refiere Porfirio Miranda en su texto Hegel tenía razón, “La intersubjetividad es eticidad esencialmente”, es decir, si el sujeto consiste en su autoconciencia, y esta se crea empezando por la distinción del “yo respecto al otro” entonces si este reflejo del otro que nos lleva a la afirmación del yo y, posteriormente, al reconocimiento de los semejantes, no estuviera presente o fuera imposible, el hombre no sería hombre pues no podría desarrollarse plenamente como humana sin la base de la autoconciencia que da origen a todo razonamiento.
Tal es el caso estudiado por Jean M. Itard del “niño salvaje” Víctor de Aveyron, en el que el paciente, al vivir en el bosque gran parte de su infancia perdiendo contacto con cualquier tipo de sociedad y teniendo que sobrevivir ante situaciones prácticamente animales, desarrolló plenamente lo que podríamos decir es “especie humana”, él era un hombre en todo lo que esta palabra contiene referente a la especie, pero su falta de alteridad lo llevó a no encontrar su autoconciencia, él no sabía que era un “yo” y no sabía tampoco que había otros como él, por esto no logró ser “todo lo que podrá ser” y su “yo” se quedó en potencia.
Ahora bien, se puede saber ¿Qué es el hombre? Analizando lo que hace. En su hacer esta plasmado parte de su ser pues una de sus necesidades es la de la trascendencia, esto quiere decir que hará, en la medida de sus posibilidades, todo y lo mejor que pueda para plasmar su ser en algo imperecedero que muestre lo que fue. Así afirma Ernst Cassirer en su obra Antropología Filosófica con lo siguiente, “La característica sobresaliente y distintiva del hombre no es una naturaleza metafísica o física, sino su obra”.
Para finalizar, sólo me gustaría agregar que, sin duda, algo muy importante para todo este proceso de entendimiento del yo -alteridad, cultura y trascendencia- es el lenguaje, que, por lo tanto, me gustaría calificar de ser la característica fundamental del ser, ya que sólo a través de éste se puede, no sólo difundir, sino también, y por supuesto, crear, alcanzar y entender. ¿Qué sería del hombre sin su lenguaje, sin la comunicación? Lo mismo, o quizás aún peor, que volvernos simplemente especie, ya que, en especie, por lo menos hay comunicación con el entorno y otras especies. Si no existiera la comunicación, seguramente tampoco habría autoconciencia y, claramente, menos alteridad, ya que el otro no representaría nada por el yo, este no existiría. La comunicación posibilita que haya un objeto de estudio para la antropología filosófica, un ser de posibilidades que es en común y construye así, a la humanidad.
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