“Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
de la paz el arcángel divino,
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió.
Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio”.
un soldado en cada hijo te dio”.
-Himno Nacional Mexicano
De la arcilla, Dios creó al hombre y le entregó el paraíso. Al verlo solo y triste, le pidió una costilla, y tomando de nuevo de esa misma arcilla, creo a la mujer para hacerla su eterna compañera. De aquel jardín maravilloso, Dios les hizo una sola advertencia, podían comer de todo menos del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Ella, mujer, se sintió tentada ante aquel fruto prohibido, e invitó al hombre a probarlo. Al ver Dios su desobediencia, los condenó al exilio, a vivir en el cruel mundo de las creaturas feroces y los desastres naturales, a avergonzarse de su cuerpo y de sus acciones, a trabajar para vivir y protegerse de todo para sobrevivir. Y así fue como, muchos años después, llegamos nosotros aquí, a nuestra tierra, pero viviendo bajo una misma sentencia: el mundo tiene hoy en día creaturas cada vez más feroces, desastres naturales cada vez más destructivos, personas que se avergüenzan tanto de lo que son, que prefieren no ser sino simplemente estar en el mundo, haciendo lo que toca, lo que sigue, donde algunos están condenados al trabajo o a la explotación del otro para vivir, y donde la lejanía, la individualidad es la única manera de supervivencia.
Aquí, en México, escuchamos este relato y nos parece ajeno, (¿Pero cómo, si es la creación del mundo?) simplemente no nos sentimos identificados. Eso tiene una razón, y esta es que la cosmovisión de la biblia no nos pertenece, fue creada por seres de otro tiempo y lugar, cuyas necesidades de explicar al mundo eran distintas, y cuyas verdades que debían ser reafirmadas eran otras. Para México, para los antiguos mexicanos, el hombre y la mujer fueron creados por los dioses, varios, y no con arcilla sino con maíz, producto primordial de ésta tierra. Es por esto que existe, de inicio, una ruptura de identidad en quienes habitan los pueblos conquistados, porque evidentemente con la conquista llego la imposición de la cultura, la lengua, la religión, que aunque ahora parece y, cabe aclarar, es parte fundamental de nuestro ser mexicanos, en ese tiempo fue, para quienes sufrieron del cambio, una situación absurdamente violenta, no sólo física, sino emocionalmente, generando un sentir de desvalorización absoluta de la antigua cultura y sus usos.
La conquista fue eso, la llegada del extranjero que se apodera de lo que no es suyo por medio de la fuerza, la destrucción, la violencia y, en algunos casos, el exterminio. Más en el orden prehispánico no todo era “miel sobre hojuelas”, había también culturas dominantes y culturas dominadas, estas últimas se aliaron con el extranjero por la promesa de sublevación que significaba la derrota de quienes los subyugaban. Pero aún así, el nuevo orden no sería mejor que el antiguo, aunque hubo pueblos privilegiados, hubo muchos castigados y hablando de razas, la indígena siempre fue considerada inferior primitiva.
En la colonia todo se regía por castas, las más “puras”, mas cercanas a la raza dominante, hispana, eran superiores y las más mezcladas inferiores, y con este orden se otorgaban los privilegios. El simple hecho de haber nacido en esta tierra hacia inferior a alguien. Para los indígenas, existía una rabia cautiva, una constante lucha de buscar preservar lo que les fue arrebatado.
Desde ese tiempo surge un rasgo de la cultura que podría interpretarse como una obra maestra de sus creadores o difusores: la virgen de Guadalupe. Madre de México, reina del Tepeyac, Tonantzin es para la historia el momento de cohesión entre las creencias prehispánicas y las impuestas por los españoles, ya que significa la madre tierra, la diosa que le da nombre, la madre de los pueblos mexicas, mimetizada con la madre de Jesús, el mayor símbolo femenino de la religión católica. “No hizo cosa mayor con otra nación”, descansa esta inscripción bajo los pies de la virgen en la Iglesia oaxaqueña de la Compañía de Jesús, y es evidente pues desde ese momento hasta nuestros días, tal vez como un constante recuerdo de lo que nos fue arrebatado, Tonantzin ha sido uno de los símbolos de identidad que más nos caracteriza, es lo que llevó al pueblo mexicano a ser uno del los más fervientes en el culto a la religión católica.
Para criollos y mestizos, la rabia crecía día con día, porque a pesar de ser considerados “superiores” a los demás, eran inferiores a los peninsulares y no tenían acceso a muchos puestos y privilegios que envidiaban. Esta fue la causa de la independencia, lo que hoy en día nos maquillan con la salvación del pueblo indígena, fue lo que ha sido en México cada lucha que derroca el estado: una nueva imposición en el poder de opresores diferentes. Pero tiraron el poder y se encontraron con que gobernar no era tan sencillo, más para unos que habían sido siempre gobernados, a demás, se encontraban ante la posibilidad de que una vez sublevado el pueblo indígena, no quisieran volver a ser inferiores y decidieran tomar ellos el control de la situación.
Es claro al leer el texto Los Sentimientos de la Nación de José María Morelos, así como las cartas de Simón Bolívar a los gobiernos extranjeros –que aunque no hizo su lucha en México, nos da un panorama de la idea de los conquistados ante una liberación- en ambos, podemos encontrar la claridad ante el enemigo, España, pero la necesidad de ser ordenados, gobernados, por organismos externos, esto debido a la idea dominante de la superioridad extranjera, que es hasta hoy uno de los mayores obstáculos para el crecimiento de nuestro país. Para Bolívar, es inminente que un gobierno europeo, el que sea, socorra a los liberados en su creación y manejo del nuevo territorio. Para Morelos, es el poder religioso lo que va a salvar a la nación del colapso, la instauración de un gobierno enteramente católico, con una estructura similar a la de la colonia, pero en la que el rey al que se rindiera tributo fuera el papa, en el vaticano, y por antonomasia, Dios, en los cielos. Para ambos hombres no existía una concepción de creación, de cambio, creían que las únicas estructuras posibles eran las conocidas, y eso fue lo que sucedió, los liberados siguieron siendo subyugados, por mucho tiempo más, a manos alternas de compatriotas y extranjeros.
Algo rescatable, sin embargo, es la idea que existe en ambos “libertadores” de America latina como un todo, y que hoy en día, con la supuesta soberanía nacional se ha perdido un poco, se ha dejado de lado, dando paso al individualismo. El extranjero dice “divide y vencerás”, y es que no se puede entender ningún proceso vivido en las épocas antes mencionadas, si no se trata a Latinoamérica en conjunto, como un todo.
Tras la liberación, comienza el fenómeno de los libertadores-opresores, dolos personajes históricos duales. Llega la invasión francesa con Maximiliano de Habsburgo, por ser extranjero Benito Juárez y los llamados liberales hacen un golpe de estado y derrocan al virrey, años después, tras la separación iglesia-estado, y la excesiva opresión indígena que caracteriza a Juárez (siendo esto irónico, ya que él había sido el primer presidente de origen indígena), llega Porfirio Díaz a derrocar el poder, con nuevas ideas de reforma y libertad. Tras un largo periodo de gobierno, conocido como la única dictadura en México, Díaz es derrocado por Francisco I. Madero, tras haber traído enormes avances tecnológicos al país como el ferrocarril, el cine, el telégrafo, la industria, pero habiendo generado aun más pobreza que la que ya había con Juárez, debido a la concentración de la riqueza en los altos mandos y hacendados del país.
El movimiento de Madero nace por la unión que hace, como hacendado del norte, con el movimiento de Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa, y el de Emiliano Zapata, que defendían las justas condiciones del trabajador y del campesino respectivamente, unos en el norte, otros en el sur. Tras subir al poder, Madero no cumple con lo prometido a sus aliados, y el movimiento del sur, los Zapatistas, proclaman el Plan de Ayala. En el se plasma la decepción ante la traición de madero, las exigencias del movimiento y las acciones que planean llevar a cabo, “pues la Nación está cansada de hombres falaces y traidores que hacen promesas de libertadores, pero que llegando al poder, se olvidan de ellas y se constituyen en tiranos”. (Zapata Párr. 7) En este texto podemos encontrar distintos atisbos semejantes a los ideales comunistas de Marx, pero cuyo origen es, sin duda, no dicha teoría sino la conciencia de los pueblos y del orden que, posiblemente, era utilizado por los antiguos pobladores de sus regiones.
Tiempo después comienzan a crearse los partidos políticos, y con esto la política pierde aún más los ideales populares con que inicia. Los políticos comienzan a ser una elite diferente, superior a la demás ciudadanía, hablando con palabras que se antojan burguesas, inmolando a héroes de la historia convenientes, resucitando año con año la revolución como forma de evitar una nueva lucha, como si esa lucha hubiera, no solo sido victoriosa, sino que siguiera significando un cambio en las estructuras oligárquicas, injustas y desalentadoras.
Con Lázaro Cárdenas, existe un cambio de discurso, se perciben horizontes más alentadores. En el comunicado a la Nación que expide por el problema de las compañías petroleas extranjeras, explica detalladamente las razones de su decisión, cosa nunca antes vista en un gobernante. Más es evidente que posteriormente, la expropiación no rinde el fruto que Cárdenas le suponía, ya que los gobiernos posteriores, en lugar de utilizar los recursos nuevos que genera el petróleo, como propiedad nacional, para la mejora de la industria petrolera y el enriquecimiento de la Nación, y por lo tanto, del pueblo, lo ven como una nueva mina de oro, un nuevo banco de donde saquear recursos para su vida posterior a su mandata, un cofre de donde hacerse ricos mientras pueden.
De esa época hasta hoy, son muchas las injusticias, de las cuales podríamos destacar la represión estudiantil del 68 y la matanza indígena de Acteal en el 97. El primero, parte de un movimiento mundial en el que se proclamo la ciudadanía, y en especial, los estudiantes y profesores universitarios, en contra de la represión del gobierno, de las desapariciones y encarcelamientos injustos, de la falta de libertad de expresión. Tras acallar este movimiento, tras mascarar alrededor de 500 manifestantes, es evidente el miedo que se genero en México ante todo tipo de sublevación, el pánico que existió y aun existe ante el gran y feroz monstruo que es el Estado, que no perdona, que asesina impunemente todo rasgo de conciencia y borra su rastros, corta las voces de quienes quieren seguir recordando finge que dicha injusticia es un acto de “seguridad pública”.
Actela fue semejante, son 45 los muertos contados ese día en la parroquia chiapaneca, pero no se cuentan entre ellos los despojados, violados y masacrados antes y después de aquel ataque. Se sabe de él, que un grupo paramilitar llamado irónicamente “Paz y justicia”, fue contratado por el gobierno estatal de Chiapas, priista, para atacar a los supuestos rebeldes que, en ese momento, se encontraban haciendo huelga pacifica de hambre en la parroquia de Acteal. Esto, para manifestarse por los abusos que desde hacia tiempo estaba cometiendo dicho gobierno sobre ellos, que claramente y hasta nuestros días, no tienen voz ni voto como ciudadanía.
De los discursos presidenciales no hay mucho que decir, no ha habido sexsenio en que no se hable de crisis y de crecimiento económico a la vez, no ha habido uno en el que no se afirme la mejora en la calidad de vida y el crecimiento de la población pobre, desempleada y sin seguridad de salud. Año con año las mismas mentiras, año con año cambiamos rateros. Y sigue firme la conquista de México, seguimos creyendo que el paraíso, del que nos desterraron, llegará algún día, que los de fuera vendrán y crearan aquí uno igual, y que, sin nos esforzamos mucho, tal vez nos dejen disfrutar de el, porque la pobreza se cura con empleo, no con salarios justos, no con vivienda digna, no con educación, ni salud, ni justicia, ni siquiera con oportunidades iguales para todos los ciudadanos. Hoy en día, las soluciones son la inversión extranjera y la inversión privada, ¿por qué? Porque el poder a usurpado de tal manera la riqueza no sólo nacional sino individual de todos y cada uno de los ciudadanos trabajadores, que no hay mas remedio que ser todos empleados de quienes si tienen los recursos para darnos de tragar.
A pesar de ellos, de los gobernantes y de quienes nos quieren meter esta idea en la cabeza, existen hoy en día muchos grupos que se manifiestan, que no se callan ante las injusticias, existen grupos como Las Abejas, los Zapatistas, los Cactus, que hacen de sus regiones lugares activos, que suplen como comunidad la atención que el gobierno, dedicado a atender sus propias necesidades, no les puede otorgar, y de manera independiente cubren sus necesidades de alimentación, vivienda, educación y salud. Estos grupos son una amenaza al poder autoritario de la Republica, por lo mismo no dejan de ser hostigados por el gobierno, las fuerzas armadas y los medios, por los cuales son constantemente reprobados, pero siguen firmes en su lucha y debemos voltear a verlos, ellos son el ejemplo de cómo podemos salir adelante, no como país, sino como comunidad.
¿Cuál es entonces la solución? No hay, no existe, debemos crearla, hacerla desde nosotros, porque la única manera de arreglar algo tan roto, tan quebrado, es tomar todas las piezas que lo conforman, analizarlas, conocerlas e ir una por una viendo cómo encajan, hasta recrear, en común, la idea que tenemos todos de la unidad. Pues como dice José Martí, en el texto Nuestra América, “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la construcción propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.” (Martí Párr. 4)
REFERENCIAS
Martí, José. Nuestra América. Revista El Partido Liberal. México, 1891.Zapata, Emiliano. Plan de Ayala. México, 1911.
2 comentarios:
He caido por azar en tu blog, navegando desde el otro lado del Atlántico. Muy interesante tu interpretación del camino recorrido por tu país. Lo mejor: tu conclusión.
¡Ánimo, sigue con tus reflexiones!
muy buen resumen de una historia tragica pero verdadera del pasi de la simulacion donde np podia faltar la historia nacional simulada
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