“Todos somos fragmentos, no solo del hombre en realidad, sino de nosotros mismos”, al igual que La Verdad, la pequeña realidad que somos y a la que pertenecemos son infinitamente mayores a lo que podemos conocer de ellas, un todo no es más que el conjunto de sus partes, pero ¿qué cuando estas partes son más infinitas que el infinito mismo? Simmel sostiene que para poder definir al hombre, hay que tomar en cuenta a todos los de su especie, ya que cada uno es parte de lo que es “el hombre” en su totalidad, pero así como en sociedad, el hombre en si mismo es un gran conjunto de características, buenas, malas, coherentes e incoherentes. ¿Cómo sabemos si somos realmente todo lo que creemos que somos, o si creemos que somos todo lo que somos? La verdad, ya me hice bolas. Somos todos los que estamos y estamos todos los que somos, aquí y allá, podemos ser diferentes, pero quien dice que eso que somos aquí, diferentes a lo de allá, no es parte de nosotros también. Será que las apariencias engañan o somos nosotros apariencia pura.
El ser humano es, en todo momento, un ser lleno de contenidos, un sincretismo cultural y social que asemeja a un caos. Sin embargo, es la forma que damos a estos contenidos lo que más intriga a quienes nos rodean, la idea de que una misma persona, con todos esos contenido, pueda tomar algunos y darles forma, y esconderlos si es necesario, es lo que más atormenta al ser humano. Dicen que no hay que juzgar a un libro por su portada, pero ¿cómo no hacerlo, si es lo único que puedes conocer de él cuando esta cerrado? Lo mismo sucede con las personas, se presentan a ti, con su portada, que a veces dice “léeme” otras dice “aléjate” y otras simplemente dice “no te prometo nada”, y es que estamos tan condicionados a sentirnos aceptados, tan renuentes al rechazo de unos cuantos, que no podemos permitirnos, n muchos casos, dar una cara que creemos puede ser desagradable para quien la mire. Preferimos esconder lo que somos a sentir que, por mostrarnos tal cual somos, no nos aprecian.
Es evidente que todas estas caras, mascaras, personas distintas que mostramos cuando mejor nos parece, son absoluta y completamente sociales, que nosotros somos simplemente el envase de laboratorio donde se mezclan de tal o cual manera, pero entonces, ¿cuándo es que somos auténticos realmente? Goffman dice que para el ser social “no importa lo que uno sea realmente sino lo que logre parecer”, el personaje que logre interpretar y que tan bien lo hace. Pero el personaje no debe ser alguien así nada más, alguien X que nadie conozca ni quiera conocer, el actor debe lograr obtener el éxito que la sociedad le otorga a aquellos que sobresalen, ya sea por ser aprobados o desaprobados, siempre y cuando exista un circulo de desaprobados que apruebe, a su vez, a quienes el otro circulo expulsa. La satisfacción personal viene entonces de estos éxitos sociales, de la atención que logremos captar de la sociedad, somos actuantes que interpretan los papeles de moda, para ser aceptados en uno u otro grupo social.
No hay que ir muy lejos, aunque tal vez si a lugares distintos a los cotidianos, para encontrar ejemplos de todo esto. ¿Quién de nosotros no quisiera gritar, insultar, salirse de sí? ¿Quién de nosotros realmente piensa antes de decir algo, si será correcto o no en el lugar en que se encuentra? Y un lugar como las luchas, donde todos gritan y sacan lo “peor” de sí, no es la excepción, ¿Cuántas de las cosas que decimos son para expresarnos, y cuántas son únicamente para hacer ver lo que no somos? ¿o será lo que queremos ser, será que es mejor ser eso que lo que somos en verdad? Creo que, si bien es cierto que muy pocas veces nos permitimos salirnos de nosotros y hacer lo que parece no ser correcto, pero que morimos de ganas por hacer, también es cierto, y muchas veces aun mas lamentable, que muchas personas hacen o dicen cosas que parecer ser correctas, únicamente para encajar, para conseguir algo a cambio, cuando muchas veces no solo no sienten las ganas de hacerlo, sino sienten una repulsión hacia los actos que adoptan. Esto, para mi, es lo verdaderamente lamentable, cuando vamos en contra de nosotros mismos, porque ¿qué somos si no somos ni siquiera parte de nosotros?
Si bien es cierto que siempre existe una nueva oportunidad para ser, algo más de todo lo que somos, existe también una invitación a no temer ese rechazo al que estamos siempre vulnerables. Cuando se elige algo, siempre se renuncia a lo que no se ha elegido, así, eligiendo no ser uno mismo, o por lo menos algo de todo eso que somos, estamos negándonos, y es este el peor rechazo al que nos podemos enfrentar, el que frena coarta nuestra libertad de practicar el ser.
1 comentario:
y me cuestiono:
porqué estaré hasta hoy siempre de acuerdo con lo que escribes??????
acaso habrá algo en nuestros genes que nos hace afines?????
será que al final de cuentas pude haber influido algo en tu forma de pensar???????
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