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diciembre 23, 2010

“¿Tiene pastillas para no soñar?”

Platicas tenemos todos los días. Sin duda, a través de la palabra podemos conocer a quienes nos rodean y, muchas veces, a nosotras mismas. Leer es importante pero el fruto que se obtiene será siempre mejor cuando existe una discusión posterior del mismo tema. ¿Por qué? actualmente habemos muchos que estamos convencidos de que cada persona no es más que una pequeña parte de la humanidad, y que por lo tanto se complementa con los otros seres humanos, pues cada uno es parte del gran todo al que pertenece.

Si bien hoy en día no gusta mucho el término de evolución, por el hecho de ser un término dominante que presupone la existencia de algo atrasado y algo adelantado, podríamos utilizar un semejante que se acople mejor al sentido humanista de la palabra: cambio. El cambio está presente en todo momento de nuestras vidas, bien lo canta Mercedes Sosa: “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”, y esto no quiere decir que ahora sea mejor que ayer ni viceversa, simplemente nos pone a pensar que el cambio es eso: algo permanente que emana de algo y da pie a algo diferente. Esto es a lo que realmente se referían todas las supuestas etapas de la historia de las que se valen los occidentales para calificar de atrasados a los demás países, siendo que lo unico que reflejan es las diferentes cosas que hemos aprendido en las diferentes regiones de esta gran y patético, pero bello mundo.

Pues bien, el pensamiento de hoy en día, los temas de “actualidad”, son distintos a los del pasado y a los que después vendrán, pero es importante reconocer que cada etapa de la historia dió origen a la siguiente y que cada uno de los temas que discutimos hoy en día en nuestras platicas cotidianas, no hubieran sido posibles si no hubiera habido, a lo largo de los años que ha existido la humanidad, otros seres que pensaran y fueran creando eso que ahora llamamos conocimiento.

Actualmente, el mundo está viviendo una etapa de recuperación, de develamiento de muchas verdades que el poder y las estructuras estaban tapando, dejando fuera. Verdades como lo obsoleto del sistema legal, la multiculturalidad, los mitos acerca del amor, las represiones que ejerce la sociedad a través de los roles de género que impone, la lucha de clases, las violaciones a los “derechos humanos” –casualmente elegidos por unos cuantos, sin consultar a los humanos que los portan-, lo obsoleto de las religión, la discriminación de la diferencia, la explotación de la naturaleza y la corrupción como forma de vida permanente.

Si bien es posible centrarse en cada uno de estos temas, que dan para muchas horas de reflexión extensa, hay algo que no podemos negar: no importa cuánto discutamos de esto las cosas siguen pasando, día a día te encuentras personas que sufren a causa de estos temas, y hablar no es la solución. Es necesaria la acción social para lograr un verdadero cambio en la sociedad, es necesario recuperar los valores sobre los cuales queremos edificar nuestra vida como comunidad.

El cambio de conciencia empieza ahorita, desde el hecho de comprometernos a defender los ideales que perseguimos, a contribuir a la transformación de nuestra comunidad. Por esto quiero empezar proclamándome en contra de todas estas opresiones de pensamiento, de todos estos paradigmas educativos con los que crecemos como sociedad occidentalizada y decir:

¡Creo en la palabra y la bondad de las personas!, en la justicia defendida por todos y cada uno de nosotros y no secuestrada por el poder.

¡Creo en la inexistencia de la incultura!, en el igual valor que poseen las distintas culturas, lenguas y creencias de los muchos pobladores multicolores que forman parte de nuestro mundo.

¡Creo en el amor en todo y a todos!, en ese horizonte anhelado por muchos y que solo en conjunto se puede construir, porque aunque nos hayan hecho creer que lo debemos encontrar, ahora sabemos que está en cada uno de nosotros.

¡Creo en la libertad de amar!, de todas las formas: heterosexuales, homosexuales, bisexuales y transexuales. Todos y cada uno son parte de la naturaleza y son libres de vivir la vida, simple y sencillamente, siendo respetados. La sexualidad, en todas sus formas, debe ser proclamada como parte inherente al ser humano, no como un designio del diablo que tenemos que ocultar.

¡Creo en la dualidad del ser!, en que hombres y mujeres tienen en común mucho más de lo que creen y que a través de los roles sociales se les impide a unos, el derecho a sentir algo más que placer, y a otras, el derecho a disfrutar de su sexualidad. Y así, hacemos del horizonte del amor aun más inalcanzable por el abismo que existe entre nosotros.

¡Creo en lo común del ser humano, en el justo respeto y valoración de todos y cada uno de los oficios!, en que, como dice Galenao, no hay que confundir “el nivel de vida con el nivel de consumo, ni la calidad de vida con la cantidad de cosas”, pues mientras sigamos queriendo oprimirnos unos a otros, e imponer nuestras formas de vida a los otros, seguiremos por siempre creyendo que la manera de salir adelante es a través del competir, y no del compartir.

¡Creo en una comunicación posible!, en la que a través del dialogo, encontremos lo común, aprendamos de las diferencias y las dificultades, y entendamos que muchas respuestas a nuestras preguntas se encuentran en el encuentro con el otro.

¡Creo en una fe sin reglas, sin dogmas, sin doctrinas impuestas!, en la que cada quien se riga por el amor que siente hacia los otros, y que nos lleve realmente a un crecimiento en nuestra espiritualidad, en nuestra humanidad.

¡Creo en el respeto a la tierra como los hombres de maíz que somos, como pertenecientes a ella y hermanos de todo lo que en ella habita!, porque tomando lo necesario de ella y respetando sus ciclos, lograremos tal vez restablecer el orden que en ella impera y del cual formamos parte.

¡Creo, como dicen los zapatistas, en “un mundo donde quepan todos los mundos”!, que tenga el corazón y la lucha abajo y a la izquierda. Abajo, porque así no verá como menos a nadie, todos tendremos el mismo valor, y a la izquierda, porque será propositivo, contrario a las estructuras, y una vez que estas estructuras dejen de ser opresoras, irá siempre a la izquierda, hacia donde se encuentra el cambio, la transformación, no se estancará en “verdades duraderas” que son cómodas a unos, y no resuelven los problemas de todos.

Ideales existen muchos, sin embargo hay que empezar por construirlos, desde nosotros, desde nuestras relaciones. Comenzar por creer en la posibilidad de lograr lo que nos proponemos, para así poder realizar acciones que tengan un posible impacto en nuestro entorno. Para lograr el cambio, se necesita de un constante delirio, de no soltar los sueños aunque nos los quieran arrancar de las manos, de no resignarse a perder la fe en algo mejor que podemos algún día construir. Pedro Arrupe, sacerdote jesuita y gran defensor de los marginados, decía lo siguiente: “No me resigno a que cuando yo muera el mundo siga como si nunca hubiera existido”, y este es el verdadero sentido de la trascendencia, el tomar lo que existe y hacer de ello algo mejor, algo que contribuya al bienestar colectivo, al arrastrar del mundo hacia un lugar donde sople fuerte el viento y arrastre todo lo que nos impide vivir, lo que nos obliga a sobrevivir.

Porque llegará el día en que “nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene”, porque será lo justo lo que más convenga a todos. No queremos un mundo perfecto, solo uno en donde no exista quien nos impida crecer, donde la globalización sea motivo de compartir, de revalorizar, de ver en el otro lo que compartimos y lo que nos hace diferentes, y no de mimetizar y aplastar a los que “valen menos” porque no son como queremos que sean. Esta lucha ya empezó, a veces se apagan algunas luces rebeldes, pero otras siguen presentes.

Este sueño, esta búsqueda, lleva y llevará años, no seremos nosotros los primeros ni los últimos en intentar defender nuestras creencias, esto empezó mucho antes, en tiempos y lugares distintos, y seguirá así hasta que se consiga acabar con el yugo de quienes, como dice el dicho, ni viven ni dejan vivir. Más no es en vano, pues “es preferible vivir luchando fervientemente por conseguir una mejora de la humanidad, aún cuando esto no dé ningún resultado, que perder la esperanza y resignarse a vivir, con la corriente, pero en contra de los propios ideales, por el simple hecho de creer que ésta lucha sería en vano”, o ¿será que preferimos tomar “pastillas para no soñar”? Dicen los zapatistas, en el Manifiesto en que proclaman sus búsquedas y su lucha, haciendo referencia a la unión de rebeliones, que “vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras”.

REFERENCIAS
EZLN. Manifiesto Zapatista en náhuatl. México.

Galeano, Eduardo. Patas arriba; la escuela del mundo al revés. siglo XXI editores. México, 1998.

Numhauser, Julio. Todo Cambia. “Todo Cambia”. Philips, 1982.

Sabina, Joaquín. Física y química. “Pastillas para no soñar”. BMG. España, 1992

1 comentario:

AArias dijo...

me gusta que dices lo que piensas y mas megusta que dices lo que yo pienso.