En una sociedad, cuya existencia es dialógica a la de la comunicación, ¿Cuál es mi función como comunicador?
Alguna vez escuché que Comunicación es la única carrera que realmente te prepara para lo que hay afuera de la universidad, pues pasas todos los años de estudio analizando la realidad. Si reflexionamos esto, es natural el hecho de que los comunicólogos sean unos “amargados” y que se pasen la vida entera criticando al sistema, bueno, eso si son buenos y sensibles y se permiten indignarse ante su patética realidad. Sinceramente, yo diría que más que amargados, estamos comprometidos con la sociedad y, aunque en lo personal, no estoy muy segura de cuál es exactamente mi papel en ella, estoy segura que existe una gran responsabilidad en mí, por el simple hecho de ser una ciudadana consciente y que cree en la libertad de expresión y en el sentido de comunidad.
Yo creo en otro mundo posible, creo en la complejidad del ser y en su ser humano potencial también, creo que existe en el mundo una belleza tan inmensa que no hay palabras, sonidos o imágenes que puedan describirla. Sin embargo creo también en el poder del lenguaje, de los lenguajes, y en que a través de ellos podemos llegar a acercarnos a lo verdadero que tanto tiempo llevamos buscando, que está, sin duda, en el otro semejante y diferente a la vez. Es por esto que considero que las palabras, sonidos e imágenes, son las herramientas de acción más poderosas que poseo. Con ellas sé que puedo llegar a tocar corazones, a develar conciencias y a encender pasiones, corazones habidos de amor, consciencias sedientas de acción, pasiones ocultas tras la prisa del día a día, sentidos dormidos en el vaivén de la vida.
El comunicólogo no es solamente el que comunica su pensamiento, es el que conoce y escucha su entorno, porque, como dice Zubiri, el ser humano “aprehende lo real sintiendo su realidad” . El que se interesa en entender, no solo el contexto, sino la historia, los factores sociales y las implicaciones que tiene tal o cual actor o mensaje en la sociedad. El que busca ir siempre más allá de las palabras, que ve detrás del discurso las diferentes intensiones que puede tener el autor, que busca dar un contenido a todo mensaje que transmite y que da siempre más importancia a la opinión de quien lo escucha que a la propia.
Para lograr un cambio, una verdadera transformación, es necesario que todos y cada uno de los actores sociales sean profesionales interdisciplinarios, que entiendan, además de su disciplina, los alcances de esta en otras y viceversa. La sociedad es humana, fue creada y diseñada por seres como nosotros, con los mismos defectos y aciertos, aunque a veces se nos olvide. Y así como fue edificada puede ser trasformada si es que no responde a las necesidades de sus integrantes. Leyendo a Chomsky, en su texto La “verdad duradera”, surgió en mi la cuestión de todas esas verdades que el sistema nos ofrece, cuyo significado, empalmado con la realidad, parece haber perdido toda coherencia, ya que nos encontramos de repente en una sociedad que ya no es social, donde la libertad no libera y cuya justicia mata a quienes la defienden. Es responsabilidad del comunicador indagar en todo esto que parece no tener explicación.
Un comunicólogo es más que un técnico de radio o televisión, más que un teórico de la comunicación, no escribe simplemente en periódicos, o tiene un blog para expresarse, no usa palabras rimbombantes para hacerse pasar por culto ni lee sólo para pasar el curso. Para ser comunicador es necesario enamorarse de ello, estar dispuesto a arriesgar la vida por defender un ideal antisistémico, indignarse y actuar ante lo que no estás conforme, tener siempre presente lo que nos hace ser estudiantes de la sociedad, lo que implica ejercer una profesión en la que hay que exprimir al máximo nuestras ideas y nuestras energías para obtener resultados que, tal vez, nunca lleguen a generar el impacto que generan en nosotros. Nuestro trabajo es hacer consciencia, romper barreras, gritar muy fuerte y exigir razones.
En términos reales, la forma no es lo importante, es el contenido lo que hace de un discurso algo trascendental. Pero para el comunicólogo, para mí, la forma es igualmente importante al contenido, porque es lo que separa al discurso de ser o no entendido. La forma es la que le da al comunicador un espectro mayor o menor de impacto en su discurso.
“Es un hecho evidente que la mayoría de los grandes maestros de la humanidad no fueron escritores sino oradores. Pienso en Pitágoras, Cristo, Sócrates, el Buda y otros. […] Me acuerdo de que Bernard Shaw decía que Platón fue el dramaturgo que inventó a Sócrates, así como los cuatro evangelios fueron los dramaturgos que inventaron a Jesús. Esto podría resultar excesivo, pero encierra cierta verdad”.
Las palabras generan verdades, las verdades generan ideas y las ideas crean seres humanos, he ahí la importancia de todo quien haga de la expresión, de la palabra, su modo de vida: que crea verdades y da sentido a las ideas de la humanidad, que expresa lo que sus sentidos, y los de muchos otros, perciben y creen no poder transformar.
Pero entonces habría que preguntarnos ¿qué tipo de verdades queremos generar? ¿qué sentido estamos creando en nuestra sociedad? En una conferencia en el pasado Encuentro Nacional CONEICC, en que se discutían las nuevas agendas culturales para los trabajadores de la comunicación, Rossana Reguillo comentó la importancia de despertar la “perezosa razón” que impera en la sociedad actual, en que la televisión y los medios en general nos dan todo tan simplificado que ni siquiera nos preguntamos ¿cuánto tiene de verdadero? “Hemos renunciado a la posibilidad de pensar de otra manera, de hacer movilizaciones sociales que exijan comunicación social de calidad”, y afirma también que debe de existir un “pesimismo de la razón” que sea, a su vez “optimismo de la voluntad”, que nos permita esperar lo peor de toda situación, pero sin que esto nos haga decaer en nuestras acciones de transformación. Ser trabajador de la comunicación exige una responsabilidad, tener como ser humano la capacidad de ser afectado por los hechos, de sentir la indignación de la realidad, y de ejercer una transmisión pertinente del pensamiento. Miguel Ángel Granados Chapa dice “no habrá mañana en que podamos mejorar lo que hagamos hoy”, y con esto nos da una premisa fundamental, no solo para la ética profesional, sino como ley de vida: el dar siempre el mejor esfuerzo en lo que uno hace, y permitiéndome equipararlo con el sentido de la propuesta Jesuita, vivir “a la mayor gloria de Dios”, por, para y con los demás.
Es así de sencillo, no necesitamos más, basta con hacer las cosas lo mejor posible y con el deseo de contribuir a una mejor sociedad. Sabemos que vivimos en un mundo lleno de problemas, con corrupción, que nos desgasta. Para Galeano, la situación actual de los “medios de comunicación” y de la comunicación en general, tiene un panorama de lo menos alentador:
“La guerra es la continuación de la televisión por otros medios, diría Karl von Clausewitz, si el general resucitara, un siglo y medio después, y se pusiera a practicar el zapping. La realidad real imita la realidad virtual que imita la realidad real, en un mundo que transpira violencia por todos los poros. […] Ya no es necesario que los fines justifiquen los medios. Ahora los medios, los medios masivos de comunicación, justifican los fines de un sistema de poder que impone sus valores en escala planetaria. El Ministerio de Educación del gobierno mundial está en pocas manos. Nunca tantos habían sido incomunicados por tan pocos.”
Más no obstante todas estas verdades tan aberrantes, y unas muchas que faltan mencionar, es el mismo Galeano quien nos ofrece frases esperanzadoras:
“A primera vista, el mundo parece una multitud de soledades amuchadas, todos contra todos, sálvese quien pueda, pero el sentido común, el sentido comunitario, es un bichito duro de matar. La esperanza todavía tiene quien la espera, alentada por las voces que resuenan desde nuestro origen común y nuestros asombrosos espacios de encuentro. Yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás”.
A través de ellas, de las palabras, Galeano como muchos nos recuerda que, por medio de la acción comunicativa, del ejercer activamente nuestros derechos a comunicar, de una u otra forma, podemos encontrar aquellas utopías que nos recargan de vida para poder seguir luchando. Utopías que, si bien son inalcanzables, sirven al menos para una cosa… “para caminar” . Yo, aun creo en las utopías, creo en el valor de la acción y más si esta es en comunidad. Si me preguntan ¿por qué escribo? ¿por qué busco transmitir mi pasión por la vida?, diría que, a mi parecer, todo aquel que escribe, “busca plasmar una parte de su ser en la realidad, no por soberbia de creerse poseedor de la verdad –o, al menos, no debería ser así- sino con afán de sembrar una semilla en el conocimiento humano que, si bien no fuera a dar fruto fiel a su principio, diera al menos fruto de diálogo y cuestionamiento en quien lo lee” .
REFERENCIAS
Chomsky, Noam y Dieterich, Heinz. La sociedad global, educación, mercado y democracia. Editorial Joaquín Mortiz, México, 1997.
eMe Aki. Entre la utopía y lo que existe, yo sueño. México, 2010
Galeano, Eduardo. Patas Arriba, La escuela del mundo al revés. Siglo XXI editores, México, 2009.
Maldonado, Miguel Ángel. La escritura de la historia: Regiones inasibles de la
cotidianidad y la memoria. Colombia, 2008. http://www.avancemosenpedagogia.org/attachments/107_escritura_de_la_historia.pdf
Pellizco. Cuando me tiras de la lengua. “Cosita”. Kaletura producciones, Madrid, 2008.
Zubiri, Xavier. Tres dimensiones del ser humano: individual, social e histórica. “La dimensión histórica del ser humano”. Sociedad de estudios y publicaciones, Madrid, 1974.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario